ANNA TOMÀS Y CARLOTA IGLESIAS
Sentido del humor. Gusto por la cocina. Fervor por la gastronomía. Dedican buena parte de su tiempo a conocer todo lo relacionado con ella por ser unos apasionados (no unos finolis) del buen yantar, de los nuevos locales, de las tendencias culinarias que llegan de otros lares. Su influencia está empezando a moldear un mundo que siempre estuvo muy acotado. Ya no. En Estados Unidos y Gran Bretaña se habla de los foodies desde mediados de los ochenta. Por estas latitudes, el término se usa desde hace pocos años. La palabra fue creada en 1984 por el periodista británico Paul Levy junto con Anna Barr y Mat Sloan para su libro The official foodie handbook. Para Paul Levy “hay una actitud estética hacia lo que un foodie cocina y come. Los reales no utilizan expresiones como fine-dining (comida de alto standing) o dining experience(comida como experiencia). Para ellos, utilizar dichas palabras frente a alguien es símbolo de pedantería y mala educación. Los foodies reales tienen tan buen sentido del humor como gusto por la comida. Identifican nuevos e insospechados lugares y restaurantes –uno de sus juegos favoritos– y siempre comen aquello que se adapta a su presupuesto y circunstancias”. Ser foodie, por lo tanto, va más allá de estar incluido en una simple tribu urbana o en una nueva tendencia gastronómica. Esta figura hace de su propia pasión un estilo de vida cuyos ingredientes indispensables son experimentar y reinventar.

Un movimiento generalizado Un foodie no debe confundirse con un gourmet. Los gourmets son personas de gusto refinado y paladar muy entrenado que conocen los platos más sofisticados. En ocasiones son profesionales de la industria o reconocidos críticos culinarios. Por el contrario, los foodies son amateurs que se dejan llevar por su entusiasmo gastronómico. Tienen un interés ardiente e incisivo por todo lo relacionado con la industria restauradora: las bodegas y degustaciones de vino, la comida relacionada con la ciencia, las inauguraciones o cierres de los restaurantes, los hallazgos inesperados de esa panadería que hornea la mejor baguette de la ciudad, la pastelería que elabora la nata más sabrosa o la cantidad exacta y recomendada de curry para cocinar un buen pollo tikka masala. Cualquier aspecto relacionado con la comida es, por lo tanto, fruto de interés para estos exploradores culinarios.

De hecho la exploración más allá de lo establecido marca el origen de este movimiento. Fue la necesidad de escapar de las cadenas de comida basura y prefabricada tan imperantes en Estados Unidos lo que llevó a los foodies a constituirse como un pequeño pero característico grupo de la sociedad americana. Poco a poco, la aparición televisiva de chefs trotamundos como el venerado Anthony Bourdain o la periodista y crítica gastronómica Nigella Lawson en su programa Nigella Bites (Los bocaditos de Nigella) dieron a conocer insólitos lugares en los que comer la sopa de fideos más deliciosa de San Francisco o la reinvención de platos que se alejan así de la doble hamburguesa de queso. Hoy día, las economías desarrolladas o emergentes como China, Japón y Brasil han permitido la aparición de más y más gastrónomos de este tipo y gracias a internet el fenómeno se ha convertido en una tendencia creciente. Cualquier neoyorquino con un paladar voraz de nuevas y apetitosas experiencias, por ejemplo, no puede dejar de visitar los descubrimientos de Josh Beckerman en su web Nyc.foodie.com. Si en cambio visita la ciudad del amor, Parisbymouth.com es un sitio indispensable que debe conocer si desea descubrir, entre muchos otros secretos, el mejor vino en París. Una de las necesidades vitales y perentorias de la forma de ser de un foodie es volcar sus opiniones y fotografías lo antes posible en las redes sociales. “Los foodies siempre han compartido la comida de sus platos. De manera que si alguien no comparte lo que tiene en el plato con uno, éste no lo toleraría. Por esa razón, ven en internet una valiosa fuente para compartir sus reacciones y opiniones”. Un foodie sin seguidores es como un pez fuera del agua.

Existen además infinidad de publicaciones especializadas en dicho movimiento como Apicius –para muchos, la biblia–Kinfolk MagazinePolk Foodie e incluso festivales como el que tiene lugar en Londres cada año, el Foodies Festival. En este último hay desde catas de bebidas hasta presentaciones en teatros en las que los chefs con estrella Michelin más cotizados enseñan algunas de sus técnicas; degustaciones de distintos platos; creaciones de calle; productos locales o ingredientes de cualquier lugar del mundo.

En Valencia se abrió en marzo el restaurante Foodies, un enclave que mezcla cocina de influencia internacional y alta cocina a un precio asequible y donde la innovación está asegurada. ¿Por qué? No existe una carta para que los platos sean más dinámicos. Elin y Guillermo, apasionados de la gastronomía y propietarios del mesón, cuentan que tienen “influencia de casi todo el mundo. Por ejemplo, para menú diario hacemos bastante comida valenciana y arroces. Por la noche, trabajamos un menú degustación que cada semana cambiamos”.

Sherpas de la comida: el turismo gastronómico The New York Times llamó así a todos los gurús de la gastronomía que ahora, además, se dedican a hacer tours culinarios de ciudad en ciudad. Si los programas de televisión como Foodie Planet –que puede verse por el Canal Cocina– despiertan su apetito y su insaciable interés por explorar otros lugares, los food sherpas pueden hacer realidad sus deseos yendo a ellos. Algunos son chefs reconocidos, como Jet Tila, quien ofrece tours de comida tailandesa en Los Ángeles con su compañía Melting Pot. Otros, como Yigal Schleifer de Istanbuleats.com y Culinarybackstreets.com, son además personas que han crecido y conocido la cultura de su ciudad no sólo a través de sus ojos sino también de su sabor.

“Me gusta pensar que las personas como yo somos amantes de la cultura de la buena comida. Personas que creen que la cultura culinaria es parte importante en la historia de la ciudad y el estilo de vida del país. En mi caso, diría que la característica que mejor me define como amante de la gastronomía es una viva curiosidad, prácticamente obsesión, por hallar auténticos y originales sabores. Un deseo por coleccionar recuerdos de todo aquello que pruebo y huelo y un profundo respeto por los cocineros locales que preparan platos con legítimo amor”, cuenta Yigal. Los tours de la compañía de Yigal se imparten en Estambul, México, Brasil, Shanghai, Atenas y Barcelona.

La fórmula es siempre la misma: enhebrar un hilo narrativo con los distintos escenarios relacionados con la comida para que los foodies puedan tener una visión más auténtica y profunda de esa cultura. Paula Mourenza es la encargada de realizar los tours en el barrio barcelonés de Gràcia y explica como “todo cuenta a la hora de engarzar nuevos elementos a las rutas. Ya sea lo interesante de la historia, la atmósfera, las personas, los platos, los ­ingredientes, etcétera. No buscamos sólo las delicias o los platos típicos, buscamos la experiencia culinaria del barrio barcelonés de Gràcia. La comida y el comer no empiezan ni en la mesa ni en los fogones, son parte de la vida entera”.

La experiencia de contar con un sherpa culinario, pese a que resulta íntima e inolvidable, no se adapta a los bolsillos más ajustados. Un tour de un grupo reducido de personas –nunca se admiten más de 10 para conservar la intimidad del ambiente– cuesta desde 100 hasta casi 700 euros. En España el viaje de los sherpas está adquiriendo sus seguidores aunque más lentamente que en otras ciudades.

“En países como España, Francia o Italia, ya éramos un poco foodies antes de que existieran –razona Paula Morenza–. Además, creo que este es un concepto marcadamente urbano, donde la comida es una experiencia desvinculada del origen de los ingredientes y el paisaje. Nuestra cultura gastronómica es mucho más idiosincrásica y doméstica que en otros países”. “Aquí todavía tenemos muchos vínculos más o menos cercanos con la tierra, el mar o la montaña; con los ingredientes que son productos vivos y que debemos respetar en su naturaleza y procesos naturales; con la cocina en casa, restaurantes o bares, y con los fogones y la mesa como lugares propios, sociales y familiares que crean vínculos y que son una forma maravillosa de invertir nuestro tiempo al lado de otras personas”, explica Mourenza. Como siempre, ya lo dice nuestro sabio refranero español: a comer, beber, bailar y gozar que el mundo se va a acabar.

APLICACIONES BÁSICAS

No cabe duda que las redes sociales y las aplicaciones para teléfonos inteligentes contribuyen cada vez más al crecimiento de esta tendencia de amantes de todo lo relacionado con la comida. Natalia San Juan, experta en community management y redes sociales, además de aficionada a la fotografía, nos cuenta: “Existen varios fenómenos dentro de la tendencia foodie de los cuales las redes sociales se han hecho eco. Uno es, por ejemplo, la creciente tendencia en volcarse en la cocina, retomando el interés por guisar e intercambiar recetas, al mismo tiempo que aumenta la preocupación por una alimentación saludable. Todo ello lo vemos claramente reflejado en el creciente número de aplicaciones destinadas a compartir este tipo de contenidos y al intercambio de consejos y experiencias. En este contexto, si existe una red que ha puesto en el candelero a los foodies es, sin duda, Instagram”.

Foodspotting Una guía virtual para encontrar la mejor comida y restaurantes de la ciudad. “Su principal diferencia con las demás aplicaciones es que Foodspotting permite, además, encontrar y calificar los platos de cada lugar”, expone Sabrina Martínez, asesora en comunicación digital y redes sociales.

CookBooth Esta app ha sido creada por una compañía de Barcelona y en ella chefs y foodies comparten sus fotorrecetas con un completo sistema de clasificación.

Untappd Esta aplicación permite conocer los mejores locales y cervezas de una área.

Evernote Food Permite explorar las recetas de la web, almacenarlas después en Mi libro de cocina y encontrar restaurantes cerca de donde se encuentra el usuario para añadirlos a la lista de deseos.

Localeats Similar a Food­spotting pero con la diferencia de que se centra en locales y restaurantes independientes. Perfecta para los foodies más avispados.

¿Qué cocino hoy? Una ingeniosa aplicación para las mentes ávidas de creatividad. No sólo permite buscar y guardar recetas para echarles un vistazo cuando no tienes internet, sino también crear recetas nuevas a partir de los alimentos que hay en tu nevera. Creatividad al poder.

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