Texto: Jesus Terrés.

Viajar es reconocer que estás perdido. Recuperar las sensaciones de la niñez, cuando cada paso era una sorpresa y cada habitación un mundo, porque cuando viajas eres un niño pequeño con los ojos abiertos. Y todo es nuevo y todo es diferente. Por eso en cada viaje hay que buscar a ese niño que olvidamos por culpa del despertador y la hipoteca.

El resto es turisteo. El resto (vacaciones, colas, toallas y aires acondicionados, no puedo con los aires acondicionados en modo pingüino) es pienso para las gallinas. La rueda triste de un hamster feliz con su iPhone y sus gayumbos del Zara. Déjenme serles sincero: odio a los turistas. Un odio sincero, visceral y sin dobleces. Un odio inmaculado y hasta con su punto de ternura si miran más allá del desaire y la bofetada con el guante en la cara del excursionista estival (así es, usted). Usted y sus álbumes de fotos en el Facebook frente al Machu Picchu y el Louvre. Pues vale.

No obstante, si Lady Violet decía aquello de “Puedo ser tan contradictoria como me plazca” no voy a ser yo menos. Así que aquí van un puñado de consejos y quehaceres para el disfrutón más recalcitrante. Objetivo de esta hoja de ruta: escaparse y comer y beber y no mirar atrás.

Una buena bolsa de viaje. Parece obvio —pues bien, no lo es. De bolsas de viaje como Dios manda hablamos en su momento en Hombres de Bien: Una buena bolsa de cuero, da igual que sea una Carryall de Vuitton en piel (el 911 de las weekenders) o cualquier otra marca que trabaje el cuero con cariño, si es buena vale lo que cuesta y apenas se deprecia con el tiempo. No hay que gastarse tres mil eurazos en una. Por lo que vale un iPad puede uno tener una bolsa mucho más que decente que diga “este tío cuida lo suyo“.

Un puñado de libros. No estoy hablando de libros de recetas (por Dios) sino de literatura gastronómica, que la hay. Vaya si la hay. Tres obras imprescindibles serían Parada y fonda de Víctor de la Serna, Beber o no beber de Manuel Vázquez Montalbán o el Diccionario de cocina de Alejandro Dumas. Y para dártelas de listilio gastro-hipster: la Cocina Futurista de Marinetti.

Papel. Tinta y negro sobre blanco. Hojas que puedes doblar, garabatear y hasta usar para envolver el pescado… la excelencia y Apicius la vanguardia, el imprescindible cuaderno de alta gastronomía que edita Montagud Editores desde 2003 de la mano de Javi Antoja y Guillermina Bravo. Amor por la pitanza en cada página.

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