Por Humberto Ballesteros, México.

Una historia, un vino y un ruedo.

La Culpa ha sido de Rafael.

Bastó menos de media hora para que lograra que esa magia, de quien conversa historias que enamoran y provocaran una pequeña lagrima, de ésas que empañan los anteojos dejando una huella bien marcada en el ojo, el corazón, en el oido y en mi paladar.

Rafael Sandoval tiene ese encanto taurino del que yo quedaba prendido en la bella ciudad de Morelia en mi México querido, cuya infancia transcurrió acompañando a mi padre a bares, restaurantes y sitios donde los valientes toreros paseaban después de sus heroicas corridas de domingo.

Recuerdo bien a mi padre señalando con enorme prudencia la coleta que usaba esos hombres delgados a quien la gente les rodeaba para poder escuchar de viva voz sus faenas en el ruedo. Era como escuchar en voz del cronista taurino Paco Malgesto, quien fue famoso en los años grandes de Silverio Pérez y de otros grandes de la tauromaquia mexicana decirle al público lo apasionado que era pararse en ese ruedo, jugar la vida y entregar el alma ante un ser de enorme respeto llamado Toro, cuyos nombres específicos se recuerdan con enorme respeto como el caso de aquel animal de nombre Pajarito que saltó a la Plaza de Toros México como un ave que se confundía dentro del ruedo.

El momento con Rafael Sandoval en Coque, en la plaza de Madrid, cambió por completo mi idea del vino, y logró que mis sueños por el gozo y el disfrute se fueran por encima de la técnica en el vino, sublimando mi pasión y definiendo las siguientes horas de mi vida.

Acabó siendo una mezcla literaria con la voz y la pasión que guarda un personaje como Rafael, ya que usó una expresión llevaba al acto que hizo que todo cambiara en mí: el gozo y disfrute del vino. Me contó una historia.

“Me cuento historias cuando duermo….” Escribía Julio Cortazar en su breve cuento titulado ‘Queremos Tanto a Glenda’, y creo firmemente en esa idea. Rafael hizo de esa conversación una mezcla amable de poesía, elegancia y vino. Tejió en ese ruedo subterráneo una historia amplia dejando la duda sobre mi sueño despierto en donde no me quedó claro si era su voz y su amplio conocimiento del vino lo que me atrajo, o era la magia del matador en el ruedo de la uva, que hacía de mi memoria de infancia, la mezcla amable que genera suspiros de nostalgia que viajaron con celeridad durante mi estancia en esos días junto a Javi Antoja.

Decía Rafael, que el disfrute es vital para quienes amamos el vino y así nos hizo sentir en esa tarde en Coque.

Hace 12 semanas inicié en México de la mano de Luisa Bollan una joven sumiller, un proyecto llamado “La cata del martes”, de alguna manera, ese ejercicio de disfrute del vino se ha convertido en un homenaje de cada semana a Rafael Sandoval quien fue el caballero que detono ese disfrute de la historia que rodea en vino. En estos últimos días de octubre, y bajo mi tormenta personal que tanto me esta desgastando el corazón, surgió un proyecto de la mano del Consejo Mexicano Vitivinícola en donde he salido con un grupo de jóvenes camarógrafos y fotógrafos a recorrer 40 bodegas de vino en México, en donde ando buscado una sola cosa que bien aprendi en febrero en la cava de Coque. Quiero contar historias de vino.

La sola idea de narrar en vídeo, en textos dispersos y de tratar de entender lo que hay detrás de cada bodega, de cada uva, de cada vid y de cada botella, me esta llevando a ese disfrute mágico donde solo hay un culpable de esta pasión narrativa hacia el vino. Se llama Rafael Sandoval.

Con frecuencia cito esa emoción generada en Coque de la mano de Rafael, con frecuencia comienzo mi narración en las historias de vino señalando al que me abrió los ojos en esta dimensión del respeto y el disfrute. Fue esa tarde en Coque la que cambio mis letras e ideas del vino, y todo se lo debo a la cercanía generada con la familia de Montagud, pero sobre todo, se lo debo a quien con una emoción ha provocado una pasión.

Gracias tardías, honestas y eternas a quien despertó las historias de vino en mi. Me quedan aun 35 bodegas por recorrer, pero no podría continuar sin antes, señalar el origen de mi historia en estos días.

Sí. La culpa es de Rafael.

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