Por Fernando Huidobro. A los cuerpos de gastronomía les han salido múltiples brazos y piernas, y sexos que se acuestan juntos junto a los fogones, al calor de la lumbre. Está de moda la cocinación conjunta. La Práctica Grupal. Showtime! A dos, cuatro, seis, ocho manos, mogollón de manos que aparecen en los folletines de restauración compartida. Son menús compuestos por mera yuxtaposición de recetas e intérpretes, que tienen como consecuencia unas Cartas de Muerte, pero que no conforman un todo conjunto pensado, común y coherente. Tus platos están de gira allá arriba con los míos, girando girando, en redondo también, pero sin tocarse, sin ligar/se. Tú le metes mano a los tuyos y yo a los míos. Salimos enchaquetadillos luciendo estrellas, todos a una bordamos la puesta en escena para la foto finish. Yo te echo la otra mano por aquí, tú me echas la pata por acá, nos apoyardamos, pero no intercambiamos humores esenciales. Nadie se desnuda, sólo asoman macarrónicos tatuajes. Mucha cocina-comuna, pero poco ñaca-ñaca. Pan&Circo.

Antón, Antón, Antón pirulero. Cada cual, cada cual, que atienda su juego. Y el que no lo atienda pagará una prenda. Antón…… Resultado final habitual de este roll de mesa de comedor: una inane criatura, recompuesto maniquí sin identificar, remedo de entremeses variados, cruce de técnicas y discontinuidad de estilos. A la postre, rupturas unidas que siempre serán vencidas por caóticas. Frívolos juegos de manos y villanos que bien podrían haber sido ejecutados por Kali alalimón con cualquiera de los pulpos que andan despistados por las cocinas-garage desde donde se conducen estos wagon lits de diversos elementos ensamblados y extraños compañeros de viaje con resultado de muerte. ¡Crash! Y a la morgue con su vanitas.

Cadavre Exquis fruto de una racionalidad lineal sin apego a la calidad ni a la buena mesa. Un jugueteo de grupo que bien tendría su claro antecedente en el método surrealista y dadaísta de experimentación artística que buscaba un collage común sin que ninguno de los partícipes supiera/conociera lo que hacían los demás. Si no fuera porque este genial modelo estaba destinado a la creación y la investigación colectiva y la manifestación libre del subconsciente en un proceso de contagio mental. Lo que aquí no pasa. Ni en pintura.

Pero no quiero ser derrotista ni castastrofista, ni puro negativismo, sino, tan sólo, ponerle la guinda a este pavo real colacolorista con un poco de sorna, de crítica de amante comensal y cronista de cama, a todo este mundillo-pillo de la cocina, al que ya le vale, que aún no ha aprendido a reírse de sí mismo y su mecanismo, pero le vendría de perillas. Bien le vendría también descargarlo de intensidad mediática, airearlo de agencias&representantes y moussearlo con algo de cachondeito sin montarla a mala leche. Por eso cargo las tintas de estos cefalópodos y saco estas “Cocinerías en Pandilla” de sus quicios exagerando sus sinsabores. Porque estas deslocalizadas parodias quebrantahuesos bien pudieran y debieran tener su parte positiva. No hay por qué pasar de los cadáveres exquisitos a los execrables.

Démosle, pues, la vuelta a la tortilla, que estos jurjures pueden llegar a tener muchas cosas positivas. Sirven para moverse y dar a conocer en otros lugares a restas y chefs; de una sola sentada los comensales pueden probar sus cocinas sin viajes ex profeso; extienden y dan a entender la alta cocina; la popularizan y educan en la gastronomía; promueven el encuentro entre cocineros, su comunicación, la amistad y el buen rollito; se intercambian conocimientos; acostumbran a currar en equipo (siempre que no se tiren los platos a la cabeza); ayudan a conocer mejor otros productos y mercados, desvelan secretos y truquillos y son, sin duda, un buen entretenimiento y disfrute. Además, hinchan hasta el estruendo el ruido de cacerolas.

Ojalá llegaran a estimular a la cocinería y sirvieran de convergencia e interacción, de inspiración y banco de pruebas de nuevas creatius ex nihilo, creaciones desde la nada, fruto de una colaboración más profunda y horizontal, interpersonal, abierta y fluida, de un mayor compromiso, desafío y toma de riesgos por su parte. Ojalá fueran foco de nuevas experiencias y vínculos, ojalá juego de motivación que ayudara al advenimiento de cambios positivos y diversidades. E incitaran a saltarse las reglas. Inch-alá-dadá.

Y si ya las cosas del comer salieran bien sabrosonas y los negocios enjundiosos, apagaríamos la luz y que la cocina redonda continuara sin parar y la fiesta también, ¡viva la papa!. Carpe diem, Carpanta dixit, que los cadáveres exquisos, por muy canallas que sean, también mueren de éxito, igualmente terminan bajo tierra y crían las mismas malvas. Por favor, no pisen las flores, cocínenlas.

huidobro

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y de nuestra política de cookies. Si desea más información, puede hacer clic aquí.

ACEPTAR
Aviso de cookies