Biotecnología y placer
De los muchos e interesantes cursos de verano que entidades y universidades organizan cada año con los más variados temas y de los que la prensa suele hacerse eco, uno ha llamado mi curiosidad. Parece ser que uno de los retos futuro de la biotecnología es conseguir una alimentación vinculada al mapa genético de cada persona.

Su utilidad es evidente, ayudar a prevenir las enfermedades, pero tal vez no tanto sus consecuencias. A medio plazo, en 2015, comentaba el experto, secuenciar el genoma de una persona costará menos de 1.000 euros (frente a los 20.000 de la actualidad). "Esto quiere decir –señalaba- que cualquier compañía de seguros obligará a sus clientes a realizarse esa secuenciación, de manera que si, por ejemplo, aparece una predisposición a tener cáncer de colon, simplemente con una alimentación rica en fibra se reduciría notablemente uno de los mayores riesgos de padecer ese cáncer".
¿Qué pasará si el cliente no lo sigue? Y lo que más me preocupa, si deberemos comer con una lista de lo que podemos y no podemos ¿dónde quedará el placer por la comida o el disfrute de la creatividad de un cocinero? Por suerte hay otro placer muy propio de nuestra idiosincrasia que siempre vendrá en nuestra ayuda, transgredir las normas.













