Los directivos de la guía Michelin España ultiman los preparativos para la presentación de su edición de España 2013. La gran fiesta de Michelin, que ya se ha convertido en un clásico, se celebrará en el Ritz de Madrid el próximo día 22. Estará, auguran, a la altura de un reparto de estrellas que por una vez, y sin que sirva de precedente, se anticipa generoso. Habrá algún nuevo triestrellado –los directivos de la guía se resisten a insinuar en qué lugar, aunque Madrid, que no tiene ningún restaurante con la puntuación más alta, se perfila como uno de los predilectos– y un notable despliegue de estrellas, tal y como cuenta hoy nuestra amiga Cristina Jolonch en La Vanguardia.

Los directivos de la guía Michelin España ultiman los preparativos para la presentación de su edición de España 2013. La gran fiesta de Michelin, que ya se ha convertido en un clásico, se celebrará en el Ritz de Madrid el próximo día 22. Estará, auguran, a la altura de un reparto de estrellas que por una vez, y sin que sirva de precedente, se anticipa generoso. Habrá algún nuevo triestrellado –los directivos de la guía se resisten a insinuar en qué lugar, aunque Madrid, que no tiene ningún restaurante con la puntuación más alta, se perfila como uno de los predilectos– y un notable despliegue de estrellas, tal y como cuenta hoy nuestra amiga Cristina Jolonch en La Vanguardia.


No desvelan en Michelin si el nuevo o los nuevos tres estrellas representarán una apuesta por la cocina de vanguardia o por la más clásica. Insisten en que valoran igual una que otra, aunque hace años que a establecimientos con tanto prestigio internacional como Mugaritz (Errenteria) o Quique Dacosta (Dénia) se les resiste la máxima puntuación. A pesar de manifestarse interesados en la vanguardia culinaria, denotan cierto recelo cuando afirman que “por mucho que se busque vanguardia, no hay que olvidar que a los grandes restaurantes se va a comer, no a tomar flores”, en alusión a esa cocina que explora nuevos caminos y emociones.
Cuentan algunos chefs creativos que han notado a los inspectores más receptivos hacia sus personales menús degustación, lo que podría suponer cierta evolución en los criterios de una guía con fama de conservadora. Michelin quiere mantener el misterio y, quién sabe si para despistar, advierte que algunos de los más reconocidos biestrellados en los que se hace cocina de vanguardia están muy cerca de obtener la máxima puntuación, “que llegará, si no este año, en las próximas ediciones de la guía”.
La regularidad, el acierto en los puntos de cocción, la buena relación calidad-precio o el producto excelente son, según ellos, los principales parámetros que analizan los inspectores. Cada vez son más las voces que reclaman un tres estrellas para Madrid, que podría recaer en el Santceloni, el que fue restaurante de Santi Santamaria en la capital, al frente de cuyos fogones se mantiene desde sus inicios Óscar Velasco. Quienes confían en las ganas de sorprender de Michelin sugieren que podría llegarle la tercera al exitoso Diverxo, lo que sería un fenómeno, ya que consiguió la segunda en la anterior edición. En Madrid podría obtener su segunda estrella Coque, mientras que en Catalunya figuran entre los mejor situados para conseguir la segunda los hermanos Sergio y Javier Torres, del barcelonés Doscielos, y siguen ocupando la lista de candidatos restaurantes tan prestigiosos como Can Jubany o Ca l’Enric. Son tiempos duros, a los que Michelin espera contribuir con un reparto generoso de estrellas, tal vez el más generoso en mucho tiempo.
No desvelan en Michelin si el nuevo o los nuevos tres estrellas representarán una apuesta por la cocina de vanguardia o por la más clásica. Insisten en que valoran igual una que otra, aunque hace años que a establecimientos con tanto prestigio internacional como Mugaritz (Errenteria) o Quique Dacosta (Dénia) se les resiste la máxima puntuación. A pesar de manifestarse interesados en la vanguardia culinaria, denotan cierto recelo cuando afirman que “por mucho que se busque vanguardia, no hay que olvidar que a los grandes restaurantes se va a comer, no a tomar flores”, en alusión a esa cocina que explora nuevos caminos y emociones.
Cuentan algunos chefs creativos que han notado a los inspectores más receptivos hacia sus personales menús degustación, lo que podría suponer cierta evolución en los criterios de una guía con fama de conservadora. Michelin quiere mantener el misterio y, quién sabe si para despistar, advierte que algunos de los más reconocidos biestrellados en los que se hace cocina de vanguardia están muy cerca de obtener la máxima puntuación, “que llegará, si no este año, en las próximas ediciones de la guía”.
La regularidad, el acierto en los puntos de cocción, la buena relación calidad-precio o el producto excelente son, según ellos, los principales parámetros que analizan los inspectores. Cada vez son más las voces que reclaman un tres estrellas para Madrid, que podría recaer en el Santceloni, el que fue restaurante de Santi Santamaria en la capital, al frente de cuyos fogones se mantiene desde sus inicios Óscar Velasco. Quienes confían en las ganas de sorprender de Michelin sugieren que podría llegarle la tercera al exitoso Diverxo, lo que sería un fenómeno, ya que consiguió la segunda en la anterior edición. En Madrid podría obtener su segunda estrella Coque, mientras que en Catalunya figuran entre los mejor situados para conseguir la segunda los hermanos Sergio y Javier Torres, del barcelonés Doscielos, y siguen ocupando la lista de candidatos restaurantes tan prestigiosos como Can Jubany o Ca l’Enric. Son tiempos duros, a los que Michelin espera contribuir con un reparto generoso de estrellas, tal vez el más generoso en mucho tiempo.

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