Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y, lo mejor de todo, despertar.

Jueves, 22 de noviembre. Expectación, como viene siendo habitual, mil y una quinielas que, como los sondeos electorales, suelen fallar u obviar a algunos que, al final de la noche, se convierten en protagonistas y acaparadores de los flashes. Era la noche de la Michelin. Era la noche de Quique Dacosta. Era la noche de Eneko Atxa. De ellos y de sus equipos. El día arrancó con una comida entre amigos, Quique Dacosta, Juanfra Valiente“Jota” y yo en PuntoMX. Como cualquier día que coincide que estamos los 4 en Madrid… Rumores y más rumores. Bonitos, pero rumores.

La confirmación. Tres estrellas o macarrones. Ser testigo de lo vivido desde ese momento en adelante fue realmente inolvidable. Quique al teléfono con los suyos. Emoción, alegría y, por qué no decirlo, más de una lágrima.

Admito que la emoción fue contagiosa. Era el momento de que los que iban a ser protagonistas hicieran su puesta a punto frente al espejo. Con el permiso de Quique allí me colé… y mientras se hacía el nudo de la corbata (varias veces tuvo que hacérselo debido a los nervios) sus dedos hicieron ese gesto que, tras varios años esperándolo, se fue repitiendo a lo largo de la noche. Mientras recibo un SMS de Eneko Atxa:“Gran gran semana Javi!!!!!!!!”.
La gala de la presentación de la Guía Michelin 2013 España & Portugaltenía lugar en el Ritz de Madrid. La flor y nata de la gastronomía patria se daba lugar en el hall del hotel. Y, de repente, Eneko (elegantísimo) junto a la bella Saioa Goitiade Azurmendi. A varios centímetros sobre el suelo. Subida vertiginosa y merecida.

Tengo el honor de haber sido el primero en fotografiar juntos a Quique y Eneko. Se dieron un abrazo cargado de emoción y de fuerza. Espectacular. La noche fue muy emotiva. Imposible olvidar esa “vergüencilla” de Eneko cuando el Presidente de Michelin dio su nombre a conocer. Le costó levantarse y saludar a los asistentes. Saioa lloraba de emoción. Quique saludó y dirigió sus brazos hacia los ya triestrellados presentes en muestra de agradecimiento y, posiblemente, consciente de que ellos han sido la guía para llegar a donde ha llegado. El resto de la noche transcurrió entre copas, cócteles y más brindis. Sonaba Sabina con su “y nos dieron las diez, y las once, y las doce, y la una, y las dos y las tres”… La noche se avecinaba larga para los equipos de Quique Dacosta Restaurante y Azurmendi.
  

Personalmente, me alegro muchísimo de que estos dos fenómenos, en lo profesional pero también en lo personal, hayan culminado el sueño de cualquier cocinero. Enhorabuena.Eneko Atxa, ese vasco aguerrido, lo tenía clarísimo: Mañana, a las 5 de la madrugada salgo hacia Azurmendi. Tengo reservas. Y así fue. Y, cuando a las 10 de la mañana llegó al restaurante, toda la tensión estalló. El ver a su equipo de cocina alineado fue uno de esos momentos que jamás olvidará. Eran los aplausos a un proyecto, a un esfuerzo que se había visto recompensado.

Quique Dacosta, por el contrario, con el restaurante cerrado al público pero en funcionamiento con su equipo de cocina trabajando ya en la temporada de 2013, pudo organizar algo en Valencia -donde tiene 3 proyectos- junto a todo su equipo. Fue enMercatbar la noche del viernes 23 de noviembre. Una treintena de personas que habían formado parte del equipo de Quique Dacosta Restaurante durante 2012 tenían una cita. Una cena entre anécdotas y risas recordando algún que otro servicio. Didier Fertilati, maitre del restaurante, y Ricard Tobella -el Capo-, jefe de cocina, estaban exultantes.
  

Y cuando ya no quedaba ningún cliente de Mercatbar la escalera para colocar los vinos y las conservas se convirtió en improvisado atril. Quique fue quien dio inicio a los ‘parlamentos’ agradeciendo las muestras de cariño y felicitado a su equipo. “Sois mi familia” dijo emocionado. Juanfra Valiente, responsable de la creatividad, se precipitó a la escalera para recordar todos los años de esfuerzo y sacrificio. Pero, lo mejor estaba por llegar, el Capo se subió al particular atril y, desde allí, arengó a sus chicos como en la escena de Braveheart. Golpeándose el pecho y emocionado, supo transmitir en palabras lo que su corazón acelerado sentía. Pasión. Muy grande Capo. Y así fue todo. Sin excentricidades. Ni en Azurmendi ni en Quique Dacosta Restaurante. Una mera reunión de colegas, de gente joven, que querían celebrar algo especial; habían pasado a formar parte de la Historia de la Gastronomía.
Hoy, en Denia, lucen las estrellas que la misma noche del 22 de noviembre colocaron en la fachada Vitu Vilella y Richard De la Cruz. Es un lujo para Apicius y para Montagud Editores teneros entre nuestrso amigos y plantel de autores y colaboradores. Respeto.

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