Por Javi Antoja. Casi dos años ya… Qué rápido pasa el tiempo. Recuerdo perfectamente dónde estaba sentado cuando recibí tu llamada. Estaba justo donde tú revisaste el libro Chef del Mar una vez diseñado y maquetado. Me llamabas alterado y emocionado. Top Chef estaba valorando seriamente tu inclusión en el programa como miembro del jurado.

Como amigos que somos fui claro. Como lo es un amigo cuando te dice que dejes a tu novia o cuando te da un collejón por estar en ‘sentido contrario’. Creo recordar que fui uno de los pocos, o el único, en decirte que no lo veía claro, que estabas en otra liga, que tu proyecto era demasiado serio como para empezar a saber con treinta y pico cuál es tu lado bueno en cámara. Obviamente, como amigo, lo hice desde un prisma muy personal, muy pasional, quizás irracional, y seguro que sin ponerme en la piel de un empresario de El Puerto de Santa María. Me agradeciste la franqueza. Me volviste a llamar y me confirmaste que empezábais a grabar en unos meses.

Desde ese prisma quise verte en Top Chef, como el de un empresario en El Puerto que sabe que navegar durante los meses en los que las sombrillas y las toallas no pasean por la Bahía la supervivencia del negocio se complica. Sin embargo, gran sorpresa. Los pocos (escasos) minutos que te brindaron para hablar de cocina valieronn la pena. Todo el mundo supo el quién, el cómo, el qué y el por qué. Valió la pena por eso. El programa se convirtió en éxito de audiencia. Hasta tuve miedo aquel día que coincidimos en el aeropuerto de Madrid por casualidad que la gente pensara que era un groupie. Andabas ‘desbordao’ y con una tripulación que navegaba bien sabiendo que las directrices marcadas por el capitán estaban claras.

Hace unos meses me volviste a llamar. Recordamos aquella llamada de la que hablaba antes. Me informabas de todo lo contrario. No ibas a estar en Top Chef. Y yo te felicité. Los dos sabemos lo que este año significa para ti. Estás más dentro que fuera y eso se agradece desde el punto de vista del comensal. No hay más que medio seguirte por las redes sociales y saber que estás empeñado en hacer de Aponiente algo grande, muy grande, pero desde dentro, viajando a algunos mares de vez en cuando, pero desde dentro. Tu tripulación navega ahora con rumbo fijo, satisfechos de tener al capitán. Surcan los mares igual de bien que antes pero contigo siempre. Y yo que me alegro. Espero la llamada. Nos vemos en noviembre…

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