Para deleitar al gusto además de a la vista… y para reflexionar. Apicius.es se sumerge en la colección del Museo del Prado -uno de los más importantes del mundo y a punto de cumplir 200 años- y presenta una selección particular de 10 obras relacionadas con la gastronomía

Decía Leonardo da Vinci que “la belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte”. Si se circunscribe la afirmación a las artes pictóricas, podría deducirse que éstas convierten en eterno todo lo efímero que está plasmado sobre la tabla, el lienzo o cualquier otro soporte… Incluida la comida. Apicius.es se asoma a la apasionante relación entre gastronomía y arte, y propone una selección particular de obras en las que el hecho gastronómico queda retratado e interpretado para siempre.

Pasajes literarios y evangélicos, escenas de la vida cotidiana, bodegones… En todas ellas hay gastronomía y arte; y todas ellas forman parte de la colección del Museo del Prado. La pinacoteca, en Madrid, es una de las más importantes del mundo y ya celebra su bicentenario, que se cumplirá el 19 de noviembre de 2019.

Pasen, vean… y deleiten su ojo y su paladar.

1. Escenas de ‘La historia de Nastagio degli Onesti’ (Sandro Botticelli, 1483)

‘La historia de Nastagio degli Onesti’ es una de las muchas que conforman las novelas del ‘Decamerón‘ (Giovanni Boccaccio, 1348-1353). En ella, Nastagio, un joven melancólico por un amor no correspondido, presencia algo mientras pasea por el bosque: una mujer desnuda es perseguida por un caballero, que le arranca el corazón y se lo echa a comer a los dos perros que le acompañan. Descubre que la pareja cumple una condena desde el infierno. Dado que ella le rechazó, están obligados a repetir la escena eternamente.

Decidido a obtener el cariño de su amada, Nastagio consigue que la aparición se vuelva a producir en un banquete al que ella asiste, y justo en el momento de los postres. El caballero relata su historia a los horrorizados comensales y la amada de Nastagio, presa de la ternura y del temor, decide corresponderle.

Fuente de la imagen: Wikipedia.

2. El gusto (Pedro Pablo Rubens y Jan Brueghel el Viejo, 1618)

Esta obra es la correspondiente al sentido del gusto dentro de una serie de alegorías que busca representar cada uno de los cinco sentidos. Hay viandas por doquier: en primer término y en forma de bodegón de caza, en la mesa a la que está sentada la doncella mientras un sátiro le sirve agua… y más allá. Uno de los cuadros colgados en la pared plasma una escena en una taberna. El otro, un banquete en el que aparecen Cristo y la Virgen María, y que algunos expertos han identificado con el relato de ‘las bodas de Caná‘ en los Evangelios. La cosa culinaria no acaba ahí… Al fondo, y tras la cortina recogida, se puede ver la cocina, donde se prepara (más) comida.

En definitiva, y según explican los expertos del Museo del Prado, esta obra es “una oda a la gula y a la opulencia de los banquetes”.

Fuente de la imagen: Wikimedia.

3. Degollación de San Juan Bautista y banquete de Herodes (detalle).  Bartholomäus Strobel el Joven, 1630-1633

Salomé pide la cabeza de San Juan Bautista al rey Herodes, y le seduce con su baile para convencerlo. Strobel el Joven plasma lo que ocurrió después en una escena a gran escala, en clave coetánea y plagada de personajes de la época. Sólo se muestra un detalle para que se puedan apreciar mejor los platos y productos. Hay caza, marisco, fruta… Y ostras. Herodes parece estar a punto de degustarlas cuando contempla horrorizado cómo Salomé le presenta la cabeza del santo en una bandeja.

Fuente de la imagen: Wikipedia.

 

4. Bodegón con sirvienta (Frans Snyders, hacia 1633)

El ‘postureo’ ya existía (mucho antes) de Instagram… y esta obra representa un  gran ejemplo de ello. A la clientela de Snyders, entre la que abundaban miembros de la nobleza y de la alta burguesía, le gustaba ver cómo su riqueza y su prosperidad quedaban reflejadas en los cuadros que encargaban. De esta forma, la opulencia no se demuestra aquí mediante metales nobles, sino a través de alcachofas, calabazas, higos -ésos en la bandeja que sostiene la sirvienta, y en los que algunos expertos ver un símbolo de fecundidad- y uvas, entre otras frutas y hortalizas.

Según los expertos del Museo del Prado, el artista consigue “un efecto de calidades táctiles de soberbios resultados” para todas ellas. Es decir, el protagonista absoluto es el producto, llevado a su máxima expresión gracias al manejo certero de la técnica. ¿Les suena de algo?

Fuente de la imagen: Wikipedia.

5. Vendedores de frutas (Jerónimo Jacinto Espinosa, hacia 1650)

Varios personajes y acciones de gran importancia en la cultura popular de la época se dan cita alrededor de un puesto de frutas. Por ejemplo, el estudiante pobre de la época, al que se conocía como ‘capigorrón‘. Paga a la vendedora, que llama la atención por la pulcritud tanto en su vestuario como en sus formas. Y, a su vez, destaca frente a su compañero, desaseado y desafiante. Mira al espectador mientras come melón, la fruta que -catada o sin catar- es la protagonista absoluta de la obra.

Fuente de la imagen: Wikipedia.

6. Bodegón: mesa con pescados, ostras y un gato (Alexander van Adrianssen, primera mitad del siglo XVII)

Varias piezas de pescado, anguilas, ostras… Todo un festival y no sólo para las personas: el gato, expectante, parece a punto de dar el salto definitivo sobre la mesa.

En la época, los bodegones o naturalezas muertas tuvieron más importancia de la que pudiera parecer a simple vista. Este cuadro representa un gran ejemplo de ello. Fue un regalo del marqués de Leganés, muy aficionado a la pintura flamenca, al rey Felipe IV. Según los expertos del Museo Del Prado, estuvo colgado en el despacho del monarca en el Alcázar entre otras obras de gran relevancia.

Fuente de la imagen: Wikimedia.

7. La cena de San Benito (Fray Juan Andrés Rizi, siglo XVII)

Una cena sencilla, frugal y en un ambiente de recogimiento… En esta ocasión, el artista se vale de la comida -o mejor dicho, de la escasez de ella- para retratar a un hombre que fue y debía seguir siendo ejemplo. Este cuadro, de hecho, pertenece a una serie de obras sobre la vida de San Benito de Nuria. En un principio, estaban destinados a los muros de los monasterios de la orden que fundó, la benedictina.

Fuente de la imagen: Wikimedia.

8. La cocinera en la despensa (taller de Frans Snyders, siglo XVII)

Una nueva obra de Snyders en la que se vale del producto para mostrar la buena situación económica de la que gozaba quien se la encargó. En esta ocasión, a través de piezas de caza, acompañadas de frutas y ese pescado por el que se pelean el perro y el gato.

Son dos animales (vivos), por cierto, al igual que en el ‘Bodegón con sirvienta’ que figura sobre estas líneas. Una cifra constante, junto a la de una persona, en las representaciones similares de la época.

Fuente de la imagen: fineartamerica.com

9. Bodegón con salmón, limón y recipientes. Luis Egidio Meléndez, 1772

Un limón, una rodaja de salmón fresco y sin eviscerar y varios cacharros de cocina… En palabras de los expertos del Museo del Prado, un “soberbio exponente de virtuosismo en la captación” de estos elementos. “Todos ellos”, continúan, “tratados con un lenguaje directo y realista”.

Fuente de la imagen: Wikipedia.

10. El choricero (detalle). Ramón Bayeu y Subías, hacia 1786

Erróneamente atribuida a Goya durante mucho tiempo -Bayeu y Subías fue su cuñado-, esta obra y su personaje están asociadas a una curiosa leyenda. En su versión más extendida (sin base documental), se relata que el hombre es el tío Rico, un tratante de embutidos de Candelario (Salamanca). Llevando parte de su género a la capital, se topó con el rey Carlos IV en plena jornada de caza. El monarca, hambriento, le pidió algo de mercancía como bocado. “Ricos de veras son tus chorizos y desde ahora te nombro proveedor de la Real Casa”, le dijo entonces. Y así, supuestamente, fue…

Fuente de la imagen: Ideal.es.

Imagen de cabecera: ‘Bodegón con besugos, naranjas, ajo, condimentos y utensilios de cocina’ (Luis Egidio Meléndez, 1772). Fuente: Wikipedia.

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