Vivir, a tope, es de valientes. Es para seres que no tienen techo. Para aventureros que no son esclavos de su pasado, ni adictos de su futuro, sino cómplices de su presente. Estos valientes viven su vida como los niños sus juegos. Apasionadamente, vibrando en un mundo mágico. Emoción. Hace cuatro años tuve la suerte de conocer a un valiente llamado Rodolfo Guzmán, el cocinero.

Desde su pequeño restaurante llamado Boragó, comenzaba a dar señales potentes. Ondas expansivas que resquebrajaron los pilares de la alta cocina en Chile. Donde el no hacer ruido por no molestar era el pan de cada día. Desde ese pequeño cuartel comenzó a dibujar su discurso. Un discurso ahijado de Andoni, hermano de Schiaffino y primo de Rene. Donde el contexto natural es todo, y sin él no hay cocina. Para Rodolfo, su país es un paraíso ilimitado. Una despensa única en el mundo, con una flora y fauna impresionante. Créanme, tiene razón. Yo soy un español que lleva seis años en Chile y nunca había probado una fruta y pescados como los de este país. Y ese, sencillamente ese es su juego.

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Se aparta de aquellos que consideran a Chile como un alumno torpe de cocina, que sigue los pasos de su vecino Perú y padrino España. O de aquellos que creen que las recetas folclóricas campesinas son la real identidad chilena. O los que viven en la Francia del 80. De esa manera en la mesa de Rodolfo conoces Chile de una manera indiscutible. Su clima, sus secretos, sus joyas. Para mí, extranjero, con una sola cena en Boragó es suficiente para entender la potencia real de este país. Y siguió jugando seriamente, hasta que en la mitad de su aventura se mudó de cuartel. Invadió una casa maravillosa, que había albergado a un inolvidable restaurante llamado Agua. Un espacio cómodo, luminoso, ad hoc a su odisea.

Y, desde ese nuevo Boragó, elevó su ruido creativo a unas dimensiones realmente extraordinarias rompiendo paradigmas y reflejando sinceridad en todo momento. Luchando contra la crítica indignada por su discurso. Miedo al cambio, nada más que eso. Los platos de Guzmán buscan emoción. Generan impacto que se transforma de inmediato en discusión, en risas, en rechazo, en recuerdos. Para él, la técnica es sólo una herramienta al servicio del producto, el verdadero rey: Chile salvaje y natural. Se ríe cuando le señalan como el químico, como el sin sentido. La ignorancia siempre fue torpe.

En Chile hoy todavía la torpeza domina el mercado. Pero todo cambia. Que Andoni haya viajado con su equipo para cocinar con Rodolfo en Boragó fue una evidencia de cambio. Una cena que reflejó el discurso de Boragó de una manera sublime, un verdadero acto de magia y amor. Mis palabras no quieren describir sus platos, ni hacer una crítica a su carta, quieren simplemente reconocer al valiente. Por que independientemente de que guste o no guste su cocina, en este mundo no hay muchos como él. Y a esos pocos, que se la juegan al 100% siempre, hay que mimarlos sin temor. Seguir jugando seriamente. Al fin y al cabo, de eso se trata la vida. Por lo menos para mí. RAFA RINCÓN | ÑAM SANTIAGO

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