La iconografía cristiana, por la que se identifica el tema de ciertas obras artísticas, también permite señalar a ciertos santos mediante atributos. Los hay, cómo no, relacionados con la gastronomía…

Fíjese la próxima vez en la que contemple cualquier cualquier obra de arte en la que esté representada la Virgen María. Irá vestida de blanco y de azul, o de azul y de rojo. San Pedro, en la mayoría de los casos, sostendrá un par de llaves; y el apóstol Santiago el Mayor, por su parte, montará a lomos de un caballo blanco o irá ataviado como un peregrino, concha de vieira incluida.

Son lo que los estudiosos del arte llaman ‘atributos’: una serie de símbolos por los que se puede identificar rápidamente a los personajes de una representación artística. Parte importante de la iconografía cristiana, el asunto que nos ocupa, y por la que se describen temas y asuntos con una evidente importancia simbólica; los atributos de los santos y otros personajes son para todos los gustos. Además de rasgos físicos o ropaje, hay objetos, animales, plantas… y, sí, también algo de gastronómico.

A continuación, le invitamos a un paseo artístico por los atributos culinarios de ciertos santos. Porque por la comida se les puede reconocer.

San Pedro, y la barca y los peces

Sus atributos más frecuentes son las llaves que se mencionan sobre estas líneas -en concreto, las del Cielo– y una cruz de triple travesaño. Pero no son los únicos… También se le ha representado con una barca y con peces, en alusión a su oficio de pescador.

Varios artistas los han empleado para recrear alguno de los dos episodios evangélicos conocidos como ‘la pesca milagrosa’, por los que una faena poco productiva se convierte en redes a rebosar gracias a Jesucristo. En la escena que recoge Rafael (1483-1520) en uno de los ‘Cartones’ o patrones para tapices para la Capilla Sixtina, se puede ver al apóstol arrodillado ante Jesús, que le replica: «Desde ahora, serás pescador de hombres».

San Antonio (o Antón) Abad y el cerdo

Fue uno de los fundadores de la vida monástica, a la que que se entregó tras repartir sus bienes entre los pobres. Se le suele representar en compañía de un cerdo, cuyo tocino serviría de remedio para el ergotismo. Esta enfermedad, también conocida como ‘fuego de San Antón‘, estaría causada por la ingesta de un hongo parásito en el centeno, el trigo o la cebada.

La obra bajo estas líneas, ‘Las tentaciones de San Antonio Abad’, es de El Bosco (1450-1516) y se encuentra en el Museo del Prado (Madrid).

San Pablo el ermitaño y el mendrugo de pan

También conocido como San Pablo de Tebas, está considerado como el primer ermitaño. Es frecuente que en sus representaciones artísticas figure un mendrugo de pan. Sería su sustento diario, que le sería proporcionado por un cuervo.

El cuadro que puede verse a continuación lleva la firma de José de Ribera (1591-1652). Fuente: Museo del Prado.

San Isidro y los aperos de labranza

El labrador Isidro de Merlo y Quintana, venerado después como San Isidro, es patrón de Madrid… y también de los agricultores. Quizá sea ése el motivo por el que entre sus atributos más frecuentes se puede encontrar cualquier apero de labranza. Así ocurre a sus pies en la obra de Alonso Cano (1601-1667) que puede contemplarse bajo estas líneas. En ella, se relata uno de sus milagros, por el que él y su mujer Santa María de la Cabeza habrían rescatado a su hijo recién caído al pozo de la casa. Lo consiguieron mediante el rezo, gracias al cual las aguas habrían subido de nivel. Pero eso ya es otra historia…

San Lorenzo y la parrilla

Un considerable número de atributos de los santos hace alusión al martirio que sufrieron. Es el caso de San Lorenzo, muerto a manos de los romanos en una parrilla. Amén de que cuenta la leyenda que la planta del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial recuerda a la de una parrilla en recuerdo del tormento; obras como ésta de Francisco de Zurbarán (1598-1664) representan al mártir con el utensilio para cocinar a la brasa.

San Roque y el pan

Peregrino, está considerado como protector de los enfermos en epidemias -especialmente de la peste, a quienes dedicó mucho tiempo a curar-, así como de los enfermeros y de los cirujanos. En sus representaciones artísticas, suele mostrar una herida en la pierna, que suele ser la izquierda, y estar acompañado por un ángel o por un perro. En este último caso, el animal portará un pan en la boca.

Así puede contemplarse bajo estas líneas, en una obra de Francisco Ribalta (1565-1628).

Santa Inés y el cordero

Vivió a finales del siglo III y a principios del IV. Perteneciente a una familia noble romana, habría sufrido martirio por no renegar de su fe cristiana y por rechazar a todos sus pretendientes, al considerar a Jesucristo como su único esposo.

Su condena consistió en vivir encerrada en un prostíbulo. A pesar de ello, logró permanecer virgen; entre otros motivos, porque su cabello crecía milagrosamente y ocultaba su cuerpo desnudo cada vez que era expuesto. Por ello, en sus representaciones suele estar acompañada por un cordero.

La imagen bajo estas líneas lleva la firma de Francisco Pacheco (1564-1644).

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