basuraHace apenas 30 años, a nadie se le hubiera ocurrido tirar un trozo de pan porque había perdido su frescura. Si se ponía duro, no había problema: o se hacían tostadas, o migas o se echaba a la sopa… Ahora, esa barra de pan que no se ingirió en el día va directamente a la basura. ¿Por qué? «Porque los alimentos han perdido el valor que antaño tenían; cada producto era un bien preciado porque procuraba la subsistencia del ser humano», explicaba Paco Muñoz-Gutiérrez, técnico de Medio Ambiente de la Universitat Autònoma de Barcelona en La Vanguardia.

Una prueba clara de ello es el porcentaje del presupuesto que las familias dedicaban a alimentación a finales de los 70, alrededor del 40%, porcentaje que alcanzó hasta el 70% en los 40. Ahora, apenas sí llega al 15%.

Esa pérdida de valor ha ido pareja al incremento de la capacidad adquisitiva de los hogares españoles y europeos. Más dinero, más posibilidades de comprar, lo que ha conducido, según los expertos, a unos hábitos de consumo completamente irracionales (comprar, tirar y volver a comprar) que se resumen en dos datos: cada año se pierde hasta el 50% de los alimentos sanos y comestibles a lo largo de todos los eslabones de la cadena agroalimentaria, lo que en números redondos implica más de 89 millones de toneladas, según la Comisión Europea. La dimensión ética de estas cifras contrasta con otra aún más inmoral: el número de hambrientos en el mundo supera ya los mil millones.
Concretamente, los hogares españoles tiran a la basura una media de 76 kilos de alimentos cada año, según una encuesta realizada por la Confederación Española de Cooperativas de Consumidores y Usuarios (Hispacoop).

PAN, LA MAYORÍA
En el análisis se tomaron en consideración aquellos alimentos susceptibles de ser consumidos directamente, por lo que se excluyeron peladuras de patatas, frutas u hortalizas, huesos o cualquier otro componente que no estuviese destinado al consumo directo. Tampoco se tuvieron en cuenta todos aquellos desperdicios destinados al abono, a la alimentación de animales y a destinos similares.

De los alimentos arrojados a la basura durante el periodo que duró el estudio, casi 554 kilos, un 19% eran pan, cereales y otros alimentos de pastelería; frutas y verduras, un 17%; leche y derivados, un 13%, y pasta, arroces y legumbres, un 13%. El tercio restante son carnes y comidas preparadas o precocinadas (un 6% cada grupo), embutidos (5%), snacks (4%), alimentos en conserva (4%), pescados y mariscos (3%), huevos (3%) y bebidas (7%).

La comida es el momento del día en el que más alimentos se tiran (un 35% de ellos), seguida de la cena (27%), los desayunos (el 20%) y otros momentos del día (el 19%).

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